Prólogo - EEA2

Hoy, porque tú lo pides, retomo la pluma que abandoné agotado por la nostalgia...

No te gusta dejar nada inconcluso, sobre todo lo que tiene que ver con nosotros. A pesar de todas las tormentas padecidas, sigues siendo el mismo, mi amado Maurice.

Han pasado años desde que intenté desahogar mi corazón, atormentado por nuestra amarga separación. Hoy te tengo al fin entre mis brazos y paladeo la dicha más sublime otra vez... ¡La vida ha vuelto a ser hermosa!

Sin embargo, lo que tengo que contar dista mucho de ser un relato sencillo: Contiene nuestra lucha desesperada por retener la felicidad que creamos al estar juntos.

¡Cuántas cosas vivimos, Maurice! ¡Cuánto perdimos en cada batalla! Las cicatrices que llevamos en nuestra piel y en nuestra alma son testimonio de que, si bien la vida se nos regala, es ineludible luchar para conquistarla.

Para ti nuestra historia es Historia Sagrada, por eso quieres que la plasme en estas páginas. Siempre ves las cosas desde un ángulo que nadie más percibe, causando perplejidad y asombro. Sigues sorprendiéndome, a pesar de que por años he estudiado tus recovecos tratando de comprenderte plenamente. ¡Eres inabarcable!

No temas, no me he cansado de intentarlo y nunca lo haré; bien sabes que amarte es lo que mejor me define. Por eso cumpliré gustoso la tarea que me has impuesto, tomaré la pluma una vez más para hacer memoria, y recrear el azaroso camino que hemos recorrido hasta hoy.

Ya no resulta una tortura llenar estas páginas, te tengo a mi lado y tu amor me envuelve. Cobijado por tu luminosa calidez, escribiré sobre nosotros durante este duro invierno, aferrando la esperanza de que volverás a levantarte con la primavera.




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