Epílogo -EEA1-

Hoy dejo la pluma. Estoy cansado y es de noche.
Considero que he escrito suficiente. En vez de un desahogo esto se ha convertido en una extensa extravagancia para la que ya no tengo fuerzas. Al menos ha servido para hacer fecunda mi espera.
Además, prefiero seguir paladeando enternecido la imagen de Maurice en mis brazos que sumergirme los acontecimientos que nos sobrevinieron. Ojalá nuestra historia hubiera continuado de otra manera... Aquella noche ignorábamos que vendrían otros días de agobio.


Éramos felices, sí, muy felices y nos sentíamos plenos. Nos sentíamos uno, y aún lo somos. A pesar de la distancia a la que estamos sometidos, seguimos unidos.
En cambio, el permanecer juntos es un privilegio por el que estamos luchando sin descanso. No ha sido una lucha justa, los espectros del pasado se levantaron en nuestra contra una y otra vez, amenazando con destruir toda cordura con el horror de los secretos que revelaron.
El tiempo de gracia concedido a Raffaele y Miguel terminó de forma abrupta… Su historia ha sido la encarnación de un amor inconmensurable, en el que la dicha y el sufrimiento se mezclaron en un cáliz del que todos bebimos. No quiero hacer memoria de eso, no ahora que estoy solo.
¡Cuánto daño nos hizo Sophie! ¡Nos arrebató la vida sin piedad! ¡Nunca dejaré de odiarla!
¡Ah, y cuántos desaciertos cometí de nuevo! Mi telaraña no estaba deshecha y sus hilos estuvieron cerca de asfixiarnos. Aún así me perdonaste una y otra vez, mi amado Maurice...
¡¿Cuándo volveré a verte?!
Madame Severine demostró ser más fuerte y más cruel de lo que pensamos, y ha logrado interponer entre nosotros al mismo océano. Lo único que puedo hacer es esperar por ti.
Han sido años aguardando... ¡siglos de impaciencia! En cada palabra escrita en estas páginas he buscado alivio y, al final, terminé torturándome.
Quizás continúe esta historia más adelante, quizás me rinda y abandone la pluma definitivamente… También puede ser que el mismo Maurice venga a dictarme la continuación de nuestro idilio.
Sí, sin duda, mañana vendrá, mañana lo veré… mi amante de fuego llegará en el próximo barco, sonriente y hermoso, para decirme esas dos palabras que todo lo cambian...
Confío en que vendrá con el amanecer, y nos amaremos con la misma pasión que nos consume desde el día de nuestro primer encuentro. Esa certeza me mantiene con vida.
Maurice, la luz que engendraste en mí jamás vacilará ante las tinieblas.  
Vassili Du Croisés
Paraguay, 1775

1 comentario:

  1. Leer el epílogo me estremeció el corazón de saber que le sucedieron cosas terribles a mis adorados personajes de Engendrando el Amaneces, pero a la vez me hizo feliz saber que continúa en un próximo libro... Solo queda decir "un gracias" a la autora por escribir esta bella historia que, aunque me saco muchas lagrimas también me hizo reír mucho. ^^

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